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“Lo que pasa es que…” en licitaciones de espectro

Nos encontramos frente a un nuevo proceso de licitación de frecuencias de espectro radioeléctrico que invariablemente está dando de qué hablar. El Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), órgano único encargado de la asignación y administración del espectro desde la reforma de telecomunicaciones del 2013, llegará a su cuarto aniversario de vida con un historial de tres de cuatro licitaciones caracterizadas por sus descuidos e incumplimiento de su cometido, que coloca a la industria en un escenario de incertidumbre, ausencia de transparencia e incapacidad regulatoria.

Este es el caso de la licitación de frecuencias para la provisión de radio AM y FM, en la que el regulador ignoraba (o realmente no hizo completa su labor de verificación) la composición y vinculación accionaria del agente económico Tecnoradio. Postor que ganó el mayor número de frecuencias (34 de FM y tres de AM) y ofreció el mayor monto de contraprestación económica, de alrededor de 288 millones de pesos, pero que resultó tener relación con el grupo radiofónico más grande del país (Radiorama) y pretendía beneficiarse de un incentivo de 15% otorgado a “aparentes” oferentes entrantes, para así aventajar a sus competidores.

Ello empujó al alza la oferta económica de los participantes y desplazó la entrada de otros grupos radiofónicos importantes y oferentes independientes, por lo que el diseño y desarrollo de la licitación incumplen con los principios de eficiencia, al tratarse de un proceso que deja fuera toda posibilidad de gestar un entorno más competido en contenidos radiofónicos, al igual que contraviene la legalidad de la licitación al no contar con información veraz sobre la composición accionaria de Tecnoradio.

Este episodio deviene en aquel de la licitación de dos nuevas cadenas de televisión en la que el único postor ganador fue Grupo Imagen Multimedia, luego de que Grupo Radio Centro careciera del músculo financiero para cumplir con el monto de contraprestación que había ofrecido por una segunda cadena a la que se habría hecho acreedor. En ese entonces el IFT argumentaba que, de acuerdo con su análisis, Radio Centro podía hacer frente a su oferta, cuando la realidad era lo opuesto. El otro caso es el de la licitación de AWS, en el que, no obstante los riesgos de concentración y desbalance en la tenencia espectral advertidos por la industria, el regulador permitió que Telcel se hiciera de una porción superior de frecuencias óptimas para telecomunicaciones móviles, aventajando así a sus competidores.

Pareciera que la constante aquí es la ausencia de una autoridad regulatoria que cumpla con los principios básicos de una licitación, al no contar o no habilitar mecanismos de monitoreo, revisión y evaluación de condiciones competitivas, músculo financiero y estructura de los agentes económicos participantes en los procesos referidos.

Estos referentes sientan un precedente de desconfianza e incertidumbre para las licitaciones por venir, que definitivamente pueden eludir la participación de nuevos entrantes o generar desincentivos para oferentes actuales. Circunstancia que, sumada a los ya documentados casos de contrarreforma, nos coloca en una situación en la que el IFT nos aleja cada vez más de un escenario de condiciones de competencia, calidad, pluralidad, entre otras.

“Lo que pasa es que…” (frase que inevitablemente utilizamos cuando no hay otra forma de justificarse) tenemos un regulador desinteresado en cumplir el cometido de promover el desarrollo eficiente de las telecomunicaciones y radiodifusión en México.

Ernesto Piedras

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