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Lavado de dinero: los nombres que faltan

 

La denuncia del Departamento del Tesoro de Estados Unidos sobre una red de lavado de dinero operada por un presunto capo muy importante pero muy discreto (Raúl Flores Hernández), y los vínculos con decenas de personas entre ellos el futbolista Rafael Márquez y el cantante Julión Álvarez, vuelve a poner en el centro del debate el tema del lavado de dinero, pero también el tratamiento equivocado que se le da a esta actividad central para la operación del capitalismo ilegal.

Más allá de la inocencia o culpabilidad de estos personajes, el caso destapado por la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro estadounidense nos estalla en la cara el poderío del lavado de dinero en México.

Más allá de su calificación como delito, conviene ver al lavado de dinero como lo que es: una actividad administrativa y financiera necesaria para el funcionamiento de los jugosos negocios del capitalismo ilegal en México, pero también para la economía formal y el sistema político.

Usualmente se utiliza crimen organizado y narcotráfico como sinónimo, pero es modo inexacto. Según ha explicado detalladamente el consultor internacional Edgardo Buscaglia, en el mundo se han identificado al menos 23 grandes negocios relacionados con el crimen organizado, del cual el tráfico de drogas es uno de los más importantes, junto al tráfico de armas, de personas, de cigarros, de indocumentados o de trata de personas.

La mayoría de estos negocios del crimen organizado operan en México. En su libro Lavado de dinero y corrupción política, Buscaglia reveló que las organizaciones del crimen organizado mexicanas generaron ganancias por 514,259 millones de dólares (mdd) entre 2003 y 2014. Aproximadamente se puede entonces calcular que cada año se mueven unos 51,000 mdd en todos los negocios ilegales, de los cuales el narcotráfico es el más importante al generar entre 45 por ciento al 52 por ciento del total de las ganancias. Con estas estimaciones, solamente el tráfico de drogas produce anualmente entre 23,000 mdd a 26,000 mdd.

Eso coloca al crimen organizado como una de las actividades más importantes del país para acumular capital, junto a la industria automotriz, la electrónica, las actividades petroleras, remesas, minería y turismo. Dicho de otro modo, sin la masa de dinero de los negocios del capitalismo ilegal, la economía formal del país colapsaría.

Pero también colapsaría el sistema político, pues los funcionarios, políticos, partidos y candidatos mexicanos reciben entre 10,000 mdd y 18,000 mdd anuales como pago de protección de parte de las empresas del crimen organizado, según estimaciones del mismo Buscaglia. No hay político rico o campaña política importante que no reciba, aunque sea una parte del dinero proveniente del lavado de dinero.

La gran masa de capital que genera el narcotráfico y otros negocios ilegales entra al circuito legal justamente por las actividades del lavado de dinero. Pero para que eso sea posible, participan no sólo cantantes de banda o futbolistas. Participan especialmente empresarios y autoridades políticas. Más allá de Rafa Márquez y Julión, ¿qué empresarios y políticos protegían esta red de lavado de dinero? Faltan esos nombres.

Rubén Martín

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