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¿Busca México una estrellita del gobierno de Trump?

¿Cuál fue el objetivo de que elementos del Ejército Mexicano realizaran “una demostración del despliegue (de tropas) para la destrucción de cinco plantíos de amapola, mediante el método de mano de obra y aspersión”, ante el secretario de Seguridad Interna de Estados Unidos, John Kelly en la sierra de Guerrero?

¿Acaso para que entendiera el funcionario estadunidense que es prácticamente imposible erradicar los miles de cultivos de droga que se siembran año con año en la sierra de Guerrero y de muchas otras partes del país?

La decisión del general secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, y del almirante secretario de Marina, Vidal Francisco Soberón Sanz, de mostrarle ese operativo al distinguido visitante ¿fue para que el gobierno de Trump nos pusiera una estrellita en la frente, por la inagotable tarea de pretender erradicar los cultivos ilícitos?

¿O será que es una forma de presionar al gobierno estadunidense para que incremente la ayuda militar a México, particularmente con la venta de helicópteros para el transporte de tropas y tecnología para la ubicación de los plantíos?

Sería deseable que Kelly entendiera un poco el enorme esfuerzo económico y material que implica para México intentar erradicar, sin éxito, las miles de hectáreas de amapola y mariguana que tienen como objetivo abastecer el insaciable mercado estadunidense de las drogas. Esto, sin contar la vorágine de violencia en que está sumido el país desde hace más de once años, por la guerra entre carteles rivales por el control de plazas y rutas para el tráfico de drogas.

Ya es tiempo de que el gobierno mexicano ponga sobre la mesa, en su relación con el vecino del norte, el costo que implica combatir el tráfico de drogas y el crimen organizado derivado de la venta de drogas, y exija, en esa proporción, el respeto a los derechos humanos de los migrantes mexicanos y el establecimiento de una relación comercial justa y equitativa.

Ayer, las Secretarías de la Defensa Nacional y de Marina difundieron en un comunicado las actividades oficiales de Kelly en el estado de Guerrero. Sin embargo, los temas de fondo los conoceremos en las próximas horas o días, cuando los estadunidenses filtren a los medios de su país o a periodistas mexicanos acreditados en Washington los temas que a ellos les interesa informar. Sin importar si afectan con ello la imagen del gobierno mexicano.

No será la primera vez que los estadunidenses presionan a gobiernos mexicanos con filtraciones de prensa.

Pronto sabremos cuál fue el verdadero propósito del encuentro de Kelly con los mandos militares, al menos, desde la perspectiva estadunidense.

El ataque sexual a una militar en el Arco Norte, responsabilidad compartida

El pasado 23 de mayo alrededor de las 22:30 horas, María del Rocío, integrante del Servicio de Sanidad de la Secretaría de la Defensa Nacional, circulaba en compañía de su hermano por la autopista Arco Norte entre la caseta de Ciudad Sahagún y la de Calpulalpan, cuando la ponchadura de dos llantas de su vehículo la obligaron a detenerse. Fue el principio de una pesadilla de la que escapó de milagro, después de haber sido violada por cuatro sujetos, quienes además los despojaron de sus pertenencias.

El asunto en sí es grave, pero también lo es la inseguridad que hay en una vía de comunicación tan importante como ésta.

¿Quién responde por la seguridad de quienes transitan por esta vía de cuota?

En una plática con este reportero, María del Rocío comentó que el día de los hechos, se encontró con otra persona que había sido asaltada en la misma zona, también estaba varado un tráiler al que se le habían ponchado varias llantas.

Relató que al jefe de los sujetos que la atacaron y golpearon con saña –cuando vieron sus documentos y se dieron cuenta que era militar- le decían El Comandante, y que los delincuentes tenían cubierta la cara, llevaban guantes y portaban el mismo tipo de arma corta.

Todo hace suponer que se trata de una banda bien organizada que opera impunemente en la zona.

Por otra parte, la indolencia de la Fiscalía Central de Investigación para la Atención de Delitos Sexuales FDS-2 de la Ciudad de México y de la Fiscalía General de Hidalgo para investigar los hechos –resulta que desde el día 24 que fue presentada la denuncia y hasta la fecha, no han avanzado las indagatorias y ni siquiera le han entregado copia de la carpeta de investigación a la quejosa-, revela el vergonzoso sistema de justicia que opera en el país.

La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) también tiene su responsabilidad, ya que después de que fue atendida en el Hospital Central Militar –en donde la soldado pasó siete días internada para recuperarse de la golpiza que le dieron- y que fue llevada en ambulancia a la Fiscalía capitalina para que presentara la denuncia, dejó a la militar a la deriva, sin apoyo institucional alguno en su exigencia de llevar ante la justicia a quienes la atacaron.

Es inexplicable que la Dirección General de Derechos Humanos de la Sedena no interviniera desde un principio en apoyo de la víctima. ¿Por qué ésta no le ofreció asesoría legal y apoyo jurídico para presionar y empujar la investigación?

¿Acaso el ataque no fue lo suficientemente grave para llamar la atención de las autoridades castrenses?

Aún no es tarde para que se haga justicia en este caso

 

Jesus Aranda La Jornada    @jaranda24

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